Hace
miles de años, un casi indefenso ser cuya única distinción
visible era la de caminar erguido, recibió un extraordinario
don que lo sacó del mundo animal y lo convirtió en el
rey de la Tierra. Ese don fue la palabra.
Pero si, al hablar, el mono fue hombre, los hombres, al escribir,
dejaron de ser tribus u hordas y se convirtieron en lo que hoy llamamos
Humanidad. El hombre habla, el ser humano escribe; el hombre recuerda,
el ser humano hace historia; el hombre cuenta, el ser humano transmite;
el hombre imagina, el ser humano crea. La palabra escrita nos comunica
más allá del tiempo y el espacio, haciéndonos
inmortales.
Sin embargo, a pesar de todo esto, son muy pocos los que escriben,
hacen historia, transmiten o crean, dentro de la humanidad hablante.
Es decir, son muy pocos los inmortales. Por eso, toda instancia que
empuje a escribir, debe agradecerse y apoyarse, a cómo dé
lugar. Este Concurso Literario que nos convoca, es una de esas instancias
y no desmerece en nada frente a otros más promocionados o millonarios.
Como ellos, es ya cuna de futuros inmortales.
Veo aquí
seis cuentos escritos por niños paininos que se asoman, tímidos
tal vez, pero decididos, al increíble mundo de la palabra escrita.
Veo seis potenciales aspirantes a la inmortalidad que han dado aquí
su primer paso en este camino literario. Seis cuentos distintos, relatados
de seis maneras diferentes, que me refrescan el alma al recordarme
a mí mismo, soñando a su edad como ellos sueñan
ahora. Reconozco en estos cuentos los mitos y las leyendas que escuché
de niño en la voz cascada de algún viejo narrador del
campo; también los cuentos de hadas que leía antes de
dormirme. Pero, además, descubro en ellos, trazos del Principito
y su ingenuidad de canción de cuna; o retazos de Surrealismo
y hasta de Realismo Mágico, que no me extrañan, pues
forman parte de nuestro carácter como pueblo; y, por supuesto,
también hay en estos seis cuentos, poesía, la poesía
propia de la mirada infantil sobre un mundo tan plano y gris para
los adultos, pero que, para un niño o un adolescente, está
lleno de sorpresa y dinamismo o, para ponerlo en términos poéticos,
lleno de colores, sonidos, olores, texturas y sabores que les copan
los sentidos, a veces, desviando su atención de lo que los
mayores consideramos importante, pero que no podemos ni siquiera intentar
corregir.
Tal vez
estos seis nuevos caminantes cambien el camino, tal vez tropiecen
y caigan, tal vez corran... quien sabe, pero lo cierto es hoy están
aquí, porque han escrito, han hecho historia, han trasmitido
y han creado. Hoy son un poquito inmortales y eso es lo que vale.
Felicitémoslos
por ser los ganadores, sin importar el lugar obtenido y, también,
felicitémonos todos, porque ellos están aquí.
Felipe
Jordán Jiménez
Escritor y Jurado del Concurso